En la bella tierra de la eterna primavera, cuna de la Independencia Argentina, mi pasado vivió vertiginosamente mezclándome entre sueños, ilusiones, alegrías; sufriendo sometimientos, represiones, conductas, mentiras, indiferencias, privaciones, políticas nefastas e impunidades, y padeciendo hoy una anomia social. Con el epílogo de mi vejez trato de vivir sencillamente, enfrentando la realidad sin dejarme atrapar por la rutina, sin esperar que llegue la felicidad para sonreír porque en la vida aprendemos que la alegría de la vida es el amor. Amor que aún alimenta mis ansias de seguir sembrando y clamando a los cuatro vientos la palabra Libertad. Un bello sentimiento de la humanidad que hace 213 años nuestros antepasados dieron hasta su vida para darnos Libertad la que con el correr del tiempo los endiosados ambiciosos del dinero esclavizante convirtieron en libertinaje, olvidándose de que la esperanza renace siempre como la savia de los tallos o el tizón del fogón. Estos reviven con el viento a la llama para darnos calor y aliento a nuestra gente, la que algún día volverá a levantar los brazos hasta el sol, dándole gracias a Dios y a la Vida porque la palabra Libertad germinará por siempre, floreciendo en la sonrisa de los niños. Libertad, Libertad.

Pedro Pablo Castaño 

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